El 22 de marzo de 2006, el Ateneo Jovellanos se vistió de gala para entregar la Medalla de Oro del Ateneo Jovellanos al ilustre historiador Luis Suárez Fernández. El solemne acto tuvo lugar en el Salón de Actos de la Escuela de Empresariales, a la una del mediodía.
En la mesa, se encontraban, además del homenajeado, la Concejala de Cultura del Ayuntamiento de Gijón, Mercedes Álvarez, que acudía en representación de toda la Corporación Municipal y de la Alcaldesa, que disculpó su asistencia al evento; el Director de la Escuela de Empresariales, Luis Valdés, en representación de la Universidad de Oviedo; el Catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Oviedo, Juan Ignacio Ruiz de la Peña, quien se encargó de glosar la figura del homenajeado. Como es natural, ocupaba también la mesa el presidente de nuestra institución, José Luis Martínez, quien, tras recordar el homenaje que hace ya diez años le rindió nuestro ateneo al ilustre historiador y hacerse eco de las palabras elogiosas que en aquella ocasión le dedicaron otros ilustres personajes, solicitó para Luis Suárez la concesión del Premio Príncipe de Asturias. El Secretario del Ateneo Jovellanos, José Ramón Fernández Sirgo, se ocupó de leer, al comienzo del acto, el acta de junio de 2005, que recogía la decisión unánime de la Junta Directiva de otorgar a Luis Suárez la Medalla de Oro del Ateneo Jovellanos. Fernando de la Hoz, vicepresidente de nuestra institución, fue el encargado de introducir las intervenciones que se sucedieron a lo largo del homenaje.
Las palabras de Ruiz de la Peña sirvieron para recordar al numeroso auditorio presente en la sala la extensísima labor investigadora del profesor Suárez Fernández, para quien -dijo- nada humano le es ajeno, de manera que la fecunda labor de Luis Suárez se extiende a distintas etapas de la Historia y se entrelaza con incursiones en ensayos de variada temática y con su temprana afición al Cine, en sus años de Valladolid. Subrayó Ruiz de la Peña los puntos que compartían D. Luis y él: la deuda con el magisterio del excepcional e inolvidable maestro de historiadores Juan Uría Ríu, el paisanaje -el amor a la patria chica- y el amor a la Historia. Esos tres elementos, explicó, han urdido una especial y entrañable relación entre el homenajeado y el encargado de glosar su figura.
El discurso del ilustre catedrático, D. Luis Suárez, fluyó sereno y sentido. Afirmó que entendía la entrega del galardón como el regalo que le hacían unos amigos y que en este acto se encontraba, fundamentalmente, entre amigos. Tuvo palabras de cariño y recuerdo, sobre todo, "para mi padre, mi madre y mi hermano" y para la ciudad -Gijón-, en la que creció y desarrolló su afición a la Historia. Y tuvo también unas palabras de afecto no sólo para el Ateneo Jovellanos, sino para los ateneos, como instituciones capaces de llevar la cultura más allá de los muros universitarios. Recordó al Ateneo Obrero de Gijón y a la labor desarrollada por su amigo Vicente Rodríguez Casado, quien extendió por toda España, los ateneos; y reclamó la ayuda de las administraciones para que los Ateneos puedan desarrollar en mejores condiciones su actividad, que tanto bien aporta a la sociedad. Concluyó su intervención con un nuevo y sentido recuerdo de "mi padre, mi madre y mi hermano".
Una prolongada ovación, que duró varios minutos, fue el medio de que se sirvió el público asistente para expresar su cariño y admiración a un historiador egregio, a un hombre sencillo, a un hombre de bien.
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