El Ateneo Jovellanos organizó un crucero por el Danubio, dentro de los viajes culturales programados para este año. Participamos 52 socios, acompañados por el guía Juan Díaz y por el presidente del Ateneo José Luis Martínez.
Iniciamos el crucero en la ciudad de Nassau, a unos 50 kilómetros de Munich, donde pasamos la primera noche del viaje.
Previo al crucero visitamos la ciudad de Nassau, frontera con Austria. Dicha ciudad está flanqueada por el Isar que afluye al Danubio. La catedral de tipo Barroco alberga el mayor órgano de Europa.
Embarcamos en el MS Fidelio, crucero con capacidad para 144 pasajeros, con una eslora de 112 metros y 13 de manga. La equipación de la embarcación tenía un buen nivel. Contando con piscina, gimnasio, varios salones con diferentes actividades a proa y a popa.
Iniciamos el crucero todos en cubierta expectantes para captar las primeras impresiones visuales del río. La velocidad de la nave era de unos 20 kilómetros por hora. La estabilidad del barco hizo que el viaje desde cubierta haya sido relajante, pudiendo contemplar un paisaje generalmente arbóreo, verde, salpicado con pequeños pueblos austriacos y observando el cruce de gabarras de impresionante tamaño que remontan el Danubio con diversas mercancías.
Esa tarde se hizo una parada en Düurnstein que alberga el castillo donde estuvo prisionero Ricardo Corazón de León a su regreso de las Cruzadas. Completamos la tarde con el paso de la primera esclusa de las siete que encontramos durante el viaje.
Hicimos nuestra primera cena a bordo, degustando típicas comidas alemanas. Cabe destacar en este momento las agradables tertulias que seguían a las cenas. El despertar nos conduce al Monasterio Benedictino de Göttweig, barroco, con impresionantes pinturas en el techo y magnífica colección de arte sacro. Al final nos trasladamos a unas bodegas para probar los vinos blancos de la región de Wachau.
Al día siguiente, en Budapest, la jornada fue típicamente cultural, pudimos disfrutar de la majestuosa vista del Palacio real, actualmente museo, la Iglesia de Matías, las siete Torres del Bastión de los pescadores, la estatua de la libertad, el hotel balneario de Gellert y las colinas de la ciudad de Buda. Y a la otra orilla del río Danubio el Parlamento, el edificio de la Universidad de Económicas, la antigua aduana, las torres de la gran Sinagoga - la mayor de Europa- y el majestuoso y bullicioso mercado central.
Pudimos visitar al desembarcar, dichos monumentos y a la tarde callejear por Pest, para completar la visita cultural en la Plaza de Héroes, centro de Budapest, en donde observamos las columnatas que incluyen a reyes húngaros comenzando por el rey Esteban. El paseo peatonal de Vaci nos conduce a la plaza de Verosmarty donde se puede degustar el café con pastelería en el célebre Gerbeaud.
Como datos independientes de los culturales nos llamó la atención la limpieza, el silencio de las gentes y su amabilidad, la ausencia de mendigos y de policía visible y el escaso tráfico.
A la mañana siguiente nos trasladamos por carretera hasta la fortaleza de Visegrad, del siglo IV, reconstruida en el siglo XVI. Desde ella se visualiza el renombrado Recodo del Danubio espectáculo que plasmaron todas las cámaras. Embarcamos en Estergom, previa a su basílica, sede del primado de Hungría, de estilo neoclásico, la mayor iglesia húngara. En esta población nació San Estéban.
Continuamos viaje amaneciendo en Eslovaquia, cuya capital Bratislava dividida por el Danubio en dos sectores, vemos desde el castillo. Llama la atención la ciudad nueva con 150.000 habitantes por su monotonía. La parte vieja, pobre, con escaso interés artístico a no ser su Palacio Presidencial. En esta zona de la ciudad merece la pena el paseo por la parte vieja con cierto tipismo. El país tiene un nivel económico bajo y su separación pacífica de la república Checa les obligará a tener dificultades en la C.E.E., aunque sus bajos salarios han hecho saltar la apetencia de las grandes marcas automovilísticas, esperando ser dentro de unos años, centro europeo de la industria del motor.
Por la tarde el MS Fidelio atraca en Viena, desgraciadamente en el muelle 27 muy lejos del centro de la ciudad, lo que nos obligó a tomar taxis. Visitamos por la tarde la parte nueva de la ciudad con sus edificios modernos entre los que se encuentran el de la ONU y algunas edificaciones ultramodernas con jardines en el tejado. Continuamos la visita en el parque del Prater, el pulmón verde de Viena, donde está ubicada la conocida noria que inmortalizó la película el Tercer Hombre, y a la que subieron algunas personas.
Al oscurecer pudimos contemplar la maravilla del Ringstrasse con todos sus edificios iluminados. Esta avenida se abrió en el siglo XIII en torno al casco antiguo y posteriormente fue el origen de las nuevas edificaciones del centro de la ciudad.
El Ring nos permite ver la construcción gótica de María am Gestade, el Parlamento, los museos de Historia Natural y Arte y entre ellos el monumento a la emperatriz María Teresa, el espectacular ayuntamiento neogótico, la famosa ópera de Viena, emblemático, de estilo renacimiento. Todo este anillo se completa con edificios nobles y parques con estatuas que como es lógico pertenecen a famosos compositores.
La agotadora jornada cultural terminó de manera lúdica a las afueras de Viena, en las tabernas del barrio vinícola de Grinzing, en donde sólo sirven vinos blancos de la región, tipos Riesling o Gemischter, anunciados como propios y de la estación, siendo el reclamo una rama de pino a la puerta. A la mañana siguiente completamos la visita con la espectacular catedral de San Estéban, monumento gótico más relevante de Austria y que representa el emblema de la ciudad. Tuvo su origen en fecha romana que todavía se conserva en un lateral. En el resto destaca la famosa torre Staff y sus originales tejados verticales en pizarra verdosa con dibujos. En el interior, contemplamos el púlpito, las vidrieras y las tumbas de emperadores y príncipes austriacos.
Se completó la visita con el palacio de Schönbrunn, el palacio de Sisi, que cuenta con 1400 habitaciones. Recorrimos las diferentes estancias relacionadas con la vida de la emperatriz Elisabeth, llamándonos la atención la vida austera de su esposo Francisco José, con los dormitorios reales separados; el culto a la estética y belleza de Sisi, con su tocador donde perdía horas en el cuidado de su cabello y hasta la báscula donde controlaba a diario su peso. Al final del recorrido descansamos en los jardines del palacio, tipo versallesco. La tarde quedó libre para el agotado viajero. Algunos disfrutaron de un concierto de música clásica en el palacio de Hofburg, otros pasearon por las calles peatonales de Karntner y Graben con sus lujosos comercios, el monumento a La Peste, y los típicos cafés donde degustamos la única herencia válida de la invasión otomana.
El último día del crucero nos permitió visitar la ciudad de Krems con su monasterio benedictino de Gottweig del siglo XVIII, barroco y actualmente muy de moda por haber sido refugio intelectual de Humberto Eco para escribir su novela El nombre de la rosa. Nos llamó la atención sus salones, la terraza y la biblioteca con su escalera y puertas secretas, reflejadas en la novela.
La noche se inició con la cena del capitán que nos reunió a todos con nuestras mejores galas y posteriormente disfrutamos en el salón con música y baile.
El despertador nos devuelve al comienzo de nuestro viaje en Nassau, despidiéndonos del Danubio Azul. ¡Ah!, se me olvidaba contar por qué lleva este adjetivo simbólico el río. Según la leyenda fue originado por el desteñir de las casacas azules de las tropas de Napoleón al vadear el río tras su retirada de Austria.¡Inocentemente nos creemos la leyenda!
Nuestros dos últimos días discurrieron en Munich visitando la ciudad que ya merece por sí sola otro artículo.