VISITA A LA EXPOSICIÓN LAS EDADES DEL HOMBRE
“Las Edades del Hombre” fue un aliciente interesante para desplazar a 39 socios del Ateneo Jovellanos hasta la Catedral de Ciudad Rodrigo para visitar la irrepetible exposición artística. . Ésta es la última magna exposición de objetos de culto religiosos (cuadros, esculturas, cálices, tapices, casullas, etcétera) de las que se vienen celebrando en España desde hace varios años en las distintas provincias de Castilla-León .
Pero como Ciudad Rodrigo está lejos, se complementó la visita con un día para recorrer Salamanca ciudad, y volver a percibir en los sentidos todo lo que sus monumentos, calles, edificios y plazas, podían ofrecernos. Un recorrido por la ciudad al atardecer acompañados por un guía, gran conocedor de la ciudad castellana por excelencia y de todo lo que encierra tras sus muros, nos desveló datos de gran interés en los que muchos no habíamos reparado en anteriores visitas. Ante nuestra atenta mirada sus dos catedrales, La Casa de las Conchas, Clerecía, y un sin fin de iglesias que, casi sin darnos cuenta, nos situaron en la Plaza Mayor. Lugar de encuentro y bullicio que sigue sorprendiendo al visitante, aunque sea un asiduo de las visitas por Salamanca. Las noches de tan emblemática plaza son algo difícil de olvidar: la temperatura, la iluminación y los “helados” que dejan huella.
Y finalmente llegamos a nuestro destino: Ciudad Rodrigo y “Las Edades del Hombre” .La exposición, muy bien montada, es muy interesante y estuvimos acompañados por una excelente guía. La primera estancia que recibe al visitante posee una fuente de agua central de suelo en movimiento y peces que nadan tranquilamente bajo los pies del viajero, dándonos la impresión de que caminamos sobre las aguas. Tras este agradable primer impacto nos sumergimos plenamente en el tema religioso. Imágenes de Jesús y de su Madre, nos fueron conduciendo por un recorrido de la vida del primero, resaltando por su interés y belleza. Retablos del siglo XVI rivalizaban con imágenes del siglo XIII. Tapices y cuadros de interesantes relatos, completaron un recorrido de hora y media, que al visitante ávido de arte no se le hizo largo. Un torno, decorado, que en su lugar de origen sólo puede ser admirado por un lado, giraba constantemente permitiendo admirarlo en toda su esplendidez y contenido artístico. Y para finalizar el pequeño y recoleto claustro de la Catedral dejaba filtrar, a modo de despedida, los rayos del sol.
Y de la Catedral al Palacio de Los Águila, que albergaba dos pequeñas pero enjundiosas exposiciones. La primera, formada por obras de Juan de Juni, destacando un soberbio calvario. La otra, una pequeña muestra del llamativo mundo del “Universo Lis”, que nos maravilló y obligó a visitar con posterioridad y ya en Salamanca capital, la Casa de Lis (situada detrás de la Catedral Vieja y al lado del Archivo General). Destacar en la Casa de lis la magnificencia de las vidrieras y las colecciones de la Fundación Ramos Andrade sobre Art Nouveau y Art Decó; además de las muñecas, abanicos, postales, cerámicas, bordados, etcétera. La visita constituye un rato imborrable para el recuerdo. De la visita a Salamanca, se podrían decir muchas cosas, pero será suficiente afirmar que el arte está patente en toda la ciudad y que cada visita en una sorpresa tan agradable como interesante para los amantes del Arte, con mayúsculas.
El último día de esta densa e interesante excursión- que tuvo lugar entre los días 7,8 y 9 de julio-, lo pasamos en La Alberca y La Peña Francia. Definir en pocas líneas La Alberca es, prácticamente, imposible. Decir que el pueblo de la Alberca se remonta a muchos siglos atrás, y que está caracterizado por el tipo de construcciones de madera, paja y encalado- como ya habíamos visto por Centro-Europa en algún viaje anterior-. Destaca por su estilo, por su belleza y es un deleite para la vista su contemplación.
Por su parte, el santuario de La Peña de Francia, sin ser nada especial, tiene a su favor la empinada y difícil carretera por la que se accede al mismo, que permite ver un panorama muy amplio de las llanuras que lo circundan.
En resumen: magnífico viaje que se nos hizo corto, pese a los 42 grados de calor al mediodía.
Inés Fernández Hurlé